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Liu Xiaobo


El fallecimiento del escritor y disidente chino Liu Xiaobo pone, una vez más, en evidencia la falta de libertades fundamentales en la República Popular China. Estaba con arresto domiciliario por ser uno de los signatarios de la Carta 08, en la que tres centenares de disidentes chinos reclaman el respeto a libertades esenciales como expresión, asociación, conciencia, culto, equilibrio de poderes, economía de mercado y justicia independiente, su voz y accionar han intentado ser acallados dentro y fuera de China. No se le permitió viajar a Noruega cuando obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 2010; tampoco se le dio permiso para trasladarse al exterior y seguir un tratamiento para el cáncer que lo llevó a la muerte. 
Las autoridades rápidamente arrojaron un manto de silencio sobre la muerte del disidente chino; infortunadamente, las naciones democráticas no se hicieron eco del pedido de tratamiento para Liu Xiaobo, porque China hace sentir su peso económico al ser un gigantesco mercado, así como también como inversor. 
Cuando ocurrió la masacre de Tiananmen, en 1989, Liu Xiaobo estaba realizando estudios en Estados Unidos, y retornó a su país para sumarse activamente a los grupos disidentes que exigían la "quinta modernización": la democratización de la República Popular China. La represión brutal del régimen contra los estudiantes, provocó una reacción de las naciones democráticas que aislaron diplomáticamente a China, hasta 1992, cuando volvió tímidamente a estar presente en la Cumbre de Río de Janeiro sobre medio ambiente. 
Liu Xiaobo no sólo cobró notoriedad internacional por su obra literaria, sino también por su brega permanente por el respeto a los derechos humanos en China. Así fue como en 2008 se solidarizó con los tibetanos y llamó al gobierno chino a dialogar con el Dalai Lama. En ese mismo año, en el que se cumplían 60 años de la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU, un grupo de disidentes presentó la Carta 08, inspirados en la Carta 77 de Checoslovaquia. La similitud es que ambas fueron impulsadas por destacados intelectuales; la diferencia, es que para Checoslovaquia el régimen totalitario era sostenida por una fuerza externa, la Unión Soviética, en tanto que en China es un partido-ejército local. En los dos casos, la respuesta de los gobiernos fue que se trataba de elementos subversivos que buscan alterar el orden, y alentaron a la población a no pensar en la política -monopolio de los partidos comunistas- y que se dedicaran, en cambio, a consumir. 
La muerte del disidente Liu Xiaobo coincide con el creciente silenciamiento de las voces opositoras en Hong Kong, en donde cuatro legisladores elegidos por el voto popular fueron removidos de sus bancas por no haber jurado lealtad a la República Popular China. En estas circunstancias, la presidente Tsai Ingwen, de Taiwan, hizo un llamamiento a la democratización de la República Popular China, lo que constituye un elemento nítido de diferenciación de la evolución que han tenido estos dos actores políticos durante los últimos treinta años. Taiwan encaró y desarrolló su camino franco hacia la democracia liberal; China continental, en cambio, reforzó el poder del Partido Comunista, a la par que despliega una diplomacia de presión activa para acallar toda voz crítica dentro y fuera del país.

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